![]() |
Los cambios físicos y en el comportamiento ocurren con gran intensidad, existe mayor inestabilidad emocional que en otros periodos de la vida y por consecuencia mayor vulnerabilidad psicológica.
Resulta complejo para la familia, los padres, profesores, pares o quienes interactúan con el adolescente saber con exactitud si las conductas del joven o la joven, obedecen a un proceso típico adolescente o responden a una desviación del desarrollo que puede revestir un riesgo para él o ella.
Adquiere mayor importancia que en etapas anteriores la pertenencia a un grupo de pares que brinda aceptación e identificación con éste. Cuando esto no se da positivamente, él o la adolescente requiere de apoyo para lograr incluirse en alguna medida, en caso contrario esta situación puede traer gran sufrimiento emocional. En ocasiones los adolescentes comunican abiertamente lo que les sucede a las personas en quienes confían. Sin embargo, existen situaciones en que no lo hacen, y se retraen, revistiendo esto cierto riesgo para su desarrollo.
La inestabilidad emocional propia de la edad lleva a mayor impulsividad y frente a la frustración, pueden aparecer conductas bastante exageradas e incluso comportamientos de riesgo.
El tratamiento se planifica de acuerdo al motivo de consulta y al diagnóstico clínico. En ocasiones es necesario trabajar junto a otros profesionales para disminuir los riesgos a los que se expone él o la adolescente.
En otras situaciones se requiere solo retomar el curso de su desarrollo normal.